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EL MUNDO ESTÁ DIVIDIDO ENTRE LA GENTE QUE CREE QUE TIENE RAZÓN

El otro día oí una frase que me hizo sonreír, mientras saboreaba la verdad que contenía. “El mundo está dividido entre la gente que tiene la razón.” Parece inconclusa pero no es así. Es porqué nos aferramos inflexiblemente a nuestra postura, que estamos hoy más divididos que nunca.


Hemos perdido la curiosidad de oír al otro, creemos que con las herramientas que tenemos a mano: internet, Google, acceso a todas las fuentes que tristemente sustentan solo nuestra verdad, escuchar otro punto de vista es pérdida de tiempo. Prestar atención a una opinión diferente no vale la pena.


El diálogo, el llegar a acuerdos, el permitirnos reevaluar nuestra postura, el dudar de nuestras premisas pareciera que no es posible. El solo ser capaz de contestar con una sencilla frase como: ―déjame entender lo que me dices― y prestar atención al otro en vez de descalificarlo sería un primer paso. El atreverse a dudar ―sabes, puede ser que este equivocado, tengo que analizar mejor mi posición― pareciera que no está de moda y por tanto ni lo intentamos a menos que sea manera condescendiente, para regresar a lo nuestro.


Otra frase que oí hace tiempo y que contribuye a este pensamiento fue ―imagínense un mundo donde todos sean como creemos que deben ser. Que todos piensen y crean lo mismo que creemos― De verdad cerremos los ojos y veamos un mundo en que todos tienen nuestros mismos intereses, creencias, inteligencia y manera de hacer las cosas. ¿Dónde estaríamos? ¿Cuáles serían los logros de la humanidad? ¿Quiénes nos retarían a ser mejores? ¿Quiénes nos enseñarían algo nuevo? ¿Cómo aprenderíamos sobre humildad, empatía y servicio?


Las revistas de moda, de cuidado del cuerpo representan muy bien esta postura. Desde hace años nos venden la idea la uniformidad como ideal. Nos mandan mensajes de “una belleza”, “un peso ideal”, “un tipo de pelo envidiable”, “un color de tez deseable”. La ropa que debemos usar, la casa de ensueño y no sé cuantas cosas más. No venden una fantasía para muchos inalcanzable. Cuantas personas sufren por no encajar en estos modelos.

Pero la verdad es diferente. No fuimos hechos para ser productos de una línea de producción. No pertenecemos a una monótona y aburrida similitud. Somos únicos e irrepetibles. Existen muchas bellezas, muchos colores y sobre todo muchas formas de pensar. Es ahí donde radica nuestra riqueza como seres humanos.


Las diferencias nos completan, nos ayudan a expandir nuestro horizonte, a descubrir nuevos caminos. Refuerzan y reflejan la creación, donde nada ni nadie es igual al otro. Es en esta tapicería de la vida, llena de puntadas y colores diferentes, que tenemos la maravillosa oportunidad de aprender a abrazar nuestra humanidad y la de los demás.

Permitámonos el beneficio de ver que sobre el “tener la razón y defender nuestra verdad”, hay una posibilidad mucho más interesante. La probabilidad de aprender algo que no sabíamos y que nos puede enriquecer en humildad y aprecio por los demás. Elsa Dreher.

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